La política monetarista y la financiación de las pymes

Escrito por || 30 julio, 2012 en Actualidad Económica, PYMES - Comentarios desactivados en La política monetarista y la financiación de las pymes

En 1963, Friedman y Schwartz publicaron la historia monetaria de los EEUU de 1870 a 1960, descubriendo que la verdadera causa de la gran depresión de 1929 fue la caída de la oferta monetaria del 37%. La gran culpable fue la Reserva Federal que aplicó unas políticas monetarias de restricción de crédito que hizo que cayese la cantidad de dinero y, por lo tanto, la actividad económica.

Con estos antecedentes sorprende lo poco que se ha escrito de la crisis actual bajo una óptica monetarista. Si analizamos la evolución de la oferta monetaria en nuestro país, medida por la M2, veríamos que, después de 2004, en donde la cantidad de dinero creció el 7%, en los cuatro años siguientes lo hizo el 78%, el 15,5% anual. En 2009 creció el 2,2%, para caer en 2010 y en 2011, el -0,6% y el -5,2%, respectivamente. Friedman afirmó que el objetivo de la política monetaria debía ser garantizar un crecimiento estable y moderado de la oferta monetaria, por lo que no estaría muy de acuerdo con la practicada en España y en general en el mundo. También vería grandes semejanzas entre la crisis actual y la de 1929.

Puede que desde el Banco Central Europeo se afirme que han hecho lo correcto, bajando los tipos de interés e inundando de liquidez el sistema. Ahora bien, esta no ha llegado al mercado. ¿Por qué ha bajado la oferta monetaria? La única razón es el endurecimiento en las condiciones impuestas a la banca para la concesión de crédito, derivada de la entrada en vigor de Basilea II, por la circular del Banco de España 3/2008. La caída del crédito ha sido la causa del descenso de la cantidad de dinero y, por lo tanto, de la actividad económica.

El permisivo sistema anterior y la introducción del euro, con tipos de interés reales negativos, produjo esa expansión del crédito que llegó a todos los sectores económicos, pero sobre todo al inmobiliario, creando la famosa burbuja. Todo esto ocurrió en muchas economías, por lo que los bancos centrales cerraron los acuerdos de Basilea II en junio de 2004, que tardaron varios años en entrar en vigor. Implican unos mayores requisitos de capital para cubrir los riesgos contraídos, mediante la aplicación de modelos internos de evaluación, que deben ser aprobados y pueden ser modificados por el regulador.

Cuando entra en vigor esta circular, la situación era la siguiente:

  • Unas empresas muy endeudadas.
  • Un país muy bancarizado, con una dependencia de los bancos mayor que en las economías de nuestro entorno.
  • Una banca puramente comercial, especializada en el crédito a corto plazo, renovable anualmente.
  • Unas cajas de ahorro con un coeficiente de solvencia consolidado del 7,7%, claramente insuficiente.

 

Diversos estudios apuntaban al riesgo de un posible carácter pro-cíclico de esta regulación, que agravase la contracción natural posterior a la euforia. Hoy sorprende que el Banco de España despreciase esta posibilidad.

Como hemos visto, coincidiendo con la entrada en vigor de la Circular, en 2009 llega el frenazo al crédito al sector privado, lo que produjo dos efectos: la paralización del mercado inmobiliario y la caída de sus precios y el aumento de la mora empresarial. Empezó por las empresas que tenían una estructura financiera más débil o con un mayor peso de gastos de personal, aumentando los procesos concursales o directamente los cierres. A su vez, cayeron de una manera brusca los ingresos fiscales, con lo que muchas administraciones públicas empezaron a retrasar el pago a sus proveedores. Las entidades de crédito, para evitar la mora, se quedaron con inmuebles de los deudores, convirtiéndose en los mayores propietarios, con más de un billón de euros.

Los supervisores, al observar que se producían discordancias entre las partidas del activo de los balances y sus valores de mercado, endurecieron y aceleraron los calendarios de provisiones, presionando los recursos propios de la banca y frenando aún más la concesión de créditos, con lo que el número de empresas en dificultades, con la consiguiente morosidad, subió constantemente.

Basilea III endurecerá aún más los requisitos de solvencia. Con una rentabilidad de la industria bancaria en mínimos, su capacidad de captar capital es inexistente, por lo que su puesta en marcha provocará nuevas reducciones de crédito y nuevas caídas en los precios de sus activos. Estamos metidos en un círculo vicioso, que si bien empezó por una mala estimación del riesgo de muchas entidades bancarias, tuvo como detonante una regulación restrictiva, que aceleró el ciclo monetario negativo.

La reducción de la mora empresarial y la eliminación de obstáculos a la concesión de crédito  a las empresas se deben convertir en objetivos prioritarios para la vuelta al crecimiento. La puesta en marcha de las líneas de pago a proveedores de las administraciones públicas es la primera buena noticia.

Artículo publicado en El Economista el 30/07/2012

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