¿Qué 6 acciones nos hacen ser poco productivos durante nuestra jornada laboral? (I)

Escrito por || 5 octubre, 2017 en Emprendedores - Sin comentarios

productividad

Los seres humanos somos de costumbres. Seguro que rápidamente identificamos varios hábitos que tenemos nosotros o nuestros familiares que son de pura rutina, y que tras meses o años practicándolos, es inevitable que formen parte de nuestro día a día. Estas acciones o costumbres son difíciles de modificar, pero si comprendemos que nos pueden estar causando un perjuicio, por ejemplo, en el ámbito laboral, tal vez nuestra parte consciente nos impulse a hacer los ajustes necesarios para ser más productivos en nuestra jornada limando solo algunos detalles. ¿Cuáles son estas acciones nocivas? Las expondremos en este post y en el siguiente:

  • No disponer de una lista de tareas priorizada: En ocasiones, ante la avalancha de tareas que hacer, solemos tirar de memoria, o por orden de llegada de solicitudes (mediante correo electrónico, llamada, “post-it”…) y las vamos ejecutando sin ninguna prioridad. Esto supone que hay tareas que se acumulan, o que se quedan sin hacer finalmente, sin ningún criterio de descarte. Por ello, es muy importante listar las tareas (en un folio o en alguna de las muchas plataformas informáticas que lo permiten), indicar una prioridad para cada una de ellas y un plazo de ejecución, y diariamente revisar dicha lista para añadir nuevas tareas, eliminar las ya realizadas y reordenar prioridades.
  • Tener interrupciones constantes: No es fácil mantenernos al margen de nuestro entorno cuando somos sometidos a la interrupción de mensajes de texto, llamadas de teléfono, consultas “rápidas” de compañeros, correos electrónicos, etc. Sin embargo, es muy aconsejable poder seleccionar momentos en los que nos mantengamos al margen de todas estas interrupciones y podamos aislarnos durante un tiempo específico en nuestra tarea. ¿Cómo? Silenciando dispositivos electrónicos, desviando el teléfono, no mirando el correo, avisando a terceros, etc.
  • No conseguir cerrar al 100% tareas: Es digno de mención que honra a cualquier profesional el ser tan perfeccionista que le cueste dar por cerrado un asunto al 100%, o que le dé seguimiento constante para verificar que no hay que atender la tarea  de nuevo, o reabrirla. Pero esa exigencia suele traer problemas, pues hace que se acumulen indefinidamente tareas sin poder cerrarlas, alargando nuestra lista de tareas, y exigiendo demasiado de nosotros mismos. Por ello, cuando a un grado razonable podamos despachar una acción realizada, demos carpetazo y a por la siguiente.

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